Lo que mi mamá me enseñó sobre vivir el presente (sin proponérselo)

Una reflexión sobre el Alzheimer, la memoria y por qué nuestras historias importan

Acabo de regresar de visitar a mi mamá. Estos viajes siempre me mueven por dentro.

Mi mamá tiene Alzheimer. Y cada visita me recuerda, de la forma más dulce y más dura a la vez, que el tiempo es lo único que realmente no podemos guardar.

Acompañar a un familiar con esta enfermedad me ha enseñado más sobre cómo afrontar el Alzheimer familiar que cualquier libro o terapia. Y lo más paradójico es que ella, sin proponérselo, se ha convertido en mi maestra de vivir el presente.

La mirada de quien ve el mundo por primera vez

Había mañanas en las que se despertaba y me miraba con sorpresa, como si fuera la primera vez que me veía.

"¡Anda, estás aquí! ¡Qué bien!"

Y su cara se iluminaba como una niña.

Salíamos a pasear y era como acompañar a alguien viendo el mundo por primera vez.

Se detenía en cada detalle: las flores, los niños, los animales, las vistas. Todo era "precioso". Todo era "qué bonito". Todo era "esto no tiene precio".

Tenía esa mirada de asombro puro — como si estuviera viendo la vida con una lente nueva, limpia, agradecida. Sin el peso del ayer.

Sin la preocupación del mañana. Solo el ahora.

Eso es mindfulness en estado puro. Sin meditaciones formales. Sin apps. Solo una mujer conectando con el instante.

La paradoja que no esperaba

Mi mamá está perdiendo su memoria. Y sin embargo, es una de las personas que más presente vive que conozco ahora mismo.

Nosotras sí tenemos la opción de estar presentes. Y aun así, cuántas veces pasamos el día entero sin realmente estar.

Ella no elige vivir así. Simplemente le queda eso. Y desde esa limitación, me regala una lección inmensa: el presente es todo lo que tenemos.

Por qué escribo

Ver cómo su memoria emocional se va borrando poco a poco me recuerda algo: nuestras historias importan. Nuestros aprendizajes importan. Nuestra vida merece ser recordada.

Por eso escribo. Por eso tengo mi journal. Por eso practico escribir como terapia cada vez que algo me remueve por dentro.

El journaling se ha convertido en mi ancla. En mi manera de atrapar los momentos antes de que se desvanezcan. En mi forma de honrar lo que vivo, lo que siento, lo que no quiero olvidar.

Por eso también estoy escribiendo mi libro. Porque sé, más que nunca, que nuestras historias importan.

Una invitación simple

Escribe algo hoy.

Un párrafo. Una página. Una nota en el teléfono a las 11 de la noche.

No tiene que ser bonito. No tiene que tener sentido. Solo tiene que ser tuyo.

Tu historia merece quedar guardada. Para ti. Para los tuyos. Para quien seas dentro de diez años.

Porque algún día, la memoria se desdibuja. Pero lo escrito… eso se queda.

Con amor y con el corazón lleno,

Chio 💛

Escrito por: Chio Zubiria